CONCIERTO DE KASE.O EN EL PRÍNCIPE FELIPE

Zaragoza, 25 de marzo de 2017

POR JESÚS VIÑAS

FOTOS: CHRISTIAN JOVEN

 

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Qué se puede decir de alguien de quien ya se ha dicho todo. Más aún si él mismo se empeña en hacer un espectáculo que te deja sin palabras. Soy alguien que disfruta mucho de las pequeñas emociones de la vida, y lo del pasado sábado fue un gran impulso para mi faceta creativa.

El Momo empezaba su espectáculo puntual, augurando el de quien, más tarde, haría justicia con la gente que había agotado todas las entradas de un Príncipe Felipe que ya rugía con fuerzas. Él saltaba con el trabajo más duro a sus espaldas, el trabajo de intentar lidiar con las ganas que teníamos todos de ver al Jefe, y consiguió superar expectativas siendo él mismo: un tipo humilde que sabe en todo momento en qué punto se encuentra. Pero claro, ¿qué le vas a hacer cuando estás teloneando a uno de los mejores raperos de habla hispana de todos los tiempos? Probablemente, lo mismo que quien está nominado en alguna de las categorías en las que está Ibarra en los XVIII Premios de la Música Aragonesa (ejem…): disfrutar del viaje y hacerte una camiseta con un “yo también estuve allí”.

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El público del rap es único y, por mucho que parezca, son tan respetuosos con su cultura que ya les gustaría a muchísimos artistas llevar teloneros en los que todo el aforo esté degustando cada uno de los cortes que interpretasen. Y no sólo eso, sino que una vez terminado su tiempo, la gente pida más.

Mario acabó su parte del show aunque aún le quedaba la mayor parte de la noche por estar encima de las tablas. Javi le invitó a subir durante las casi dos horas de clase de Hip-Hop que iba a dirigir desde su posición de “maestro del psicoanálisis”.

5 minutos pasaban de las 22 y yo, que me encontraba en las gradas de la derecha, desvié mi mirada hacia la salida de vestuarios y le vi subir alumbrado por una linterna hacia el escenario mientras el griterío de la gente estallaba por la aparición de Rumba detrás de la mesa cuando lanzó las primeras notas de la intro del Círculo. Después, magia y humo.

Un espectáculo milimetrado, pensado, elaborado. Luces certeras que sabían bien dónde mirar con todo coreografiado, y es que el Momo y Kase.O se marcaron hasta unos bailes en la mitad de la actuación.

No podían faltar colaboraciones que todos esperábamos fervientemente desde nuestro sitio. Y salieron Sho-Hai, Xhelazz, Lírico e incluso Alex, guitarrista de Mallacán, quien se subió con una acústica para interpretar sin más instrumentación que esa y con unas luces apropiadas el “Soy de Aragón”.

Kase.O ha vuelto versionándose a sí mismo y, tras editar un disco crudo, ha reinventado el espectáculo para integrar a todas las canciones en un todo que tenga sentido, y eso se agradece y el público, ecléctico, lo entiende. Es un tipo que se ha desnudado para poder seguir exigiéndose más aún. Quien ha contado los problemas que hicieron que ganase tantos miedos de crío y que, aún hoy, llevaba colgando. Pero cuando estás preparado para cantar algo es porque lo has conseguido superar. No sé hasta dónde más puede llegar una mente como la suya pero, la mía, con conciertos como el del sábado, ha explotado llevándome a paisajes de lucha continua para conseguir batir mis propios retos que, al fin y al cabo, eres al único a quien le importas.

Jesús Viñas