CRÓNICA FESTIVAL DE JAZZ 2016. (1ª PARTE)
Por Jesús Viñas

20112016 Ray Gelato Luis Lorente Festival Jazz Zaragoza 007

18/11/2016

Llegaba bien vestido y mejor acompañado aún a la entrada del auditorio. Hay veces que hay que cuidarse, y esta ocasión lo merecía.

En el hall nos esperaban un grupo de swing con sus bailes y sus estilismos demostrando que iban mejor vestidos que yo, porque lo del baile es obvio. ¡Benditos 50!

No llegábamos tarde pero tampoco con tiempo para elegir asiento, lo que hizo que disfrutase viendo la aceptación que tenía la velada que daba el pistoletazo de salida a los conciertos de grandes nombres de esta edición del festival. ¡BIEN!.

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Cogimos mesa y poco después, con puntualidad británica, saltaba al escenario con timidez Noel Redolar quien, con tan solo 15 años, nos hizo preguntarnos qué estábamos haciendo con nuestras vidas. Yo por lo menos. Los mejores músicos de esta ciudad iban con él y eso es buena señal cuando sabes que su criterio nunca falla. Alonso Martínez, José Antonio Giménez y Quique Casanova eran quienes completaban el cuarteto. Ya les digo: calidad a la enésima potencia.

Me pusieron un cohete y me sacaron del concierto. No estaba preparado para semejante menú de matices y una calidad armónica delirante que al humilde escritor de esta crónica ya le gustaría aproximarse antes de morir.

El truco no está en tocar sin errores, que no me malinterpreten, no hubo ni un ligero atisbo de duda entre sus precisos dedos, sino la fuerza de las ideas que pretendes transmitir. Nos demostró el joven pianista que no son necesarios los años para aprender a expresar con claridad las experiencias vividas. Hablar de sus referentes musicales sería como seguir buscando explicaciones inexistentes a de dónde ha sacado tanto talento dada su corta edad. Auténtico virtuosismo en un joven con una proyección estratosférica. Lugar donde me bajé del artefacto explosivo para ver lo que podría conseguir esta joven promesa.

Me pedí otra copa de vino para intentar pasar el trago al sentarme tras dar la ovación necesaria al combo que ya se despedía del escenario. Delicado y envenenado. Justo lo que necesitaba.

Los técnicos se hacían con el cambio de instrumentos entre una actuación y la otra y esperamos impacientes a que saliese el músico norteamericano a montarnos un espectáculo del que seguro no íbamos a quedar indiferentes. Y vaya que si así fue.

Salió Nate Smith y tras abrir una jaula de ritmos para que los leones, tigres y demás bestias amenazasen a la audiencia, salió José James entre un delicado recibimiento siendo él quien empezó la fiesta.

El músico venía a presentar sus nuevas canciones que lanzará al mercado en febrero, dentro de su nuevo álbum, pero aprovechó la cita para soltarnos en primicia (según alegó) la bomba que tenía preparada.

Yo aluciné desde el minuto uno. No utilizó instrumentos durante la mayor parte de la actuación, ofreciéndonos su voz como única ventana a la inmensidad. Lo afinó todo con una dulzura que me transporto a una controvertida situación entre dos etapas radicalmente distintas. Su voz sonaba moderna y los temas así lo eran. Hip Hop, RNB como moneda de cambio, pero envuelta en un meticuloso envase en el que todo estaba dentro de unas atmósferas de Nueva Orleans que parecían sacadas de los años 60. Un gran espectro de estilos pero ante todo dejando claro que sabía dónde estaba y para quién estaba tocando.

Yo disfruté como un enano. Tenía los oídos abiertos para todo aquello que José me estaba haciendo llegar aunque mis influencias no estuviesen en la misma estantería de discos que las suyas. Yo iba a disfrutar y así lo hice, pero en un momento en el que se colocó tras el ordenador y dirigió su actuación hacia fronteras un poco más electrónicas de bombo caja, una pequeña parte del público decidió que ya era su momento para irse a dormir. Pobres. Se perdieron lo mejor.

Uno de los momentos estelares de la noche fue cuando James dejó en escena a alguien a quien presentaba con muchísimo respeto y que ya parecía ser “leyenda” por el gran sentido del Groove que estaba demostrando al tocar complicados ritmos encima de las agresivas bases que salían secuenciadas por el equipo. No perdió pie durante toda la actuación, pero su solo fue algo fuera de lugar.

He oído tocar a muchos baterías ya como gran melómano que considero ser, pero os juro que nadie, NADIE, me ha hecho echarme las manos a la cabeza con el asombro con el que lo hice con este animal. Llevaba el ritmo en sus extremidades. Eso era obvio, ya lo había demostrado. Pero la meticulosidad con la que empezó a vestir a cada rudimento en el espacio que se le había concedido fue sublime. Jugó con nosotros y el auditorio callaba. Él bajaba las dinámicas tirándolas por tierra hasta hacerlas casi inaudibles y nadie se atrevía a toser para poder degustar la alta cocina que nos estaba sirviendo en bandeja de plata.

Para terminar, José, se colgó la guitarra que parecía estar de adorno encima del escenario y soltó a modo de bises sus canciones más conocidas haciendo que el auditorio le despidiera, por segunda vez, levantados de sus sillas.

Espectacular el abanico que tiene este gran creador de canciones. Lo que me queda por aprender.

19/11/2016

Tras un inicio ecléctico cuanto menos, el día siguiente me esperaba algo que estaba deseando con todas mis fuerzas. Tras haber trabajado con él durante un año entero en la producción de mi disco y haber sido una gran unión a tierra en un proyecto tan difícil como puede ser la publicación de un disco en solitario, Álvaro Aragüés capitaneaba a sus Dislocated Boys y yo no me lo podía perder.

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Salieron a arrasar. Con actitud y una presencia escénica potentísima. El funk y el rock se adueñaron de los altavoces y deleitaron al público en una noche que parecía estar más cargada de decibelios que la anterior.

Álvaro es una persona de una calidad humana suprema, pero su calidad musical, no se queda atrás. Se lo digo yo. Aunque puedan pensar que no soy objetivo les puedo asegurar que el bagaje musical que ha quedado arraigado en lo más intrínseco de mi ser, tras tantos años de estudio, así lo afirma.

Se gustaron. Se disfrutaron. Se hicieron grandes en un escenario que nunca lo había sido para ninguno de los tres músicos que estaban sobre él.

Dani Salanova y Joaquín García completaban el trío y acompañaban las melodías que les dibujaba su compañero de batallas. Ritmos bien ejecutados con la experiencia que les han ido concediendo sus diferentes proyectos, hicieron un concierto contundente en el que se hizo difícil lo de tener que estar sentado y no poder ponerse a bailar. Cuánto lo estoy disfrutando en el momento en el que se han de despedir pero, la noche es larga y aún nos queda por ver al mítico Dean Brown.

Llegó, se enchufó y empezó la magia. Yo, quien no me había fijado en la formación en la que venía, me quedé alucinado al escuchar uno de los instrumentos que había en escena: el vibráfono eléctrico. Era la primera vez que lo veía (ya disculparán mi ignorancia) pero menuda maravilla de cacharro.

El bajo, comandado por Linley Marthe repartía todo lo que fuese necesario y cargó con las difíciles armonías con una certeza arrolladora empastando a las mil maravillas con una batería redonda quien complementaba la parte rítmica del grupo.

Gary Husband, el encargado de llevar el beat, no hizo un concierto excesivo, como quizás puedan estar pensando los que lean esto y no fueron al concierto, ya que dio una lección de lo que es saber estar en el lugar indicado aguantando el tipo como solo un gran músico como él sabría hacer.

Mateusz Pliniewicz era el violinista. Aportó otros colores más étnicos que se mezclaban entre cientos de ideas a modo de pregunta y respuesta con Bernard Maseli quien, desde su vibráfono, nos hizo aplaudir a rabiar en algunos momentos gracias a locuras melódicas cargadas de buen gusto musical y unas muñecas que se movían vertiginosas con la gran destreza que conlleva tener dos mazas en cada mano. Creo que hablo en nombre de todos los que presenciamos el concierto si digo que éste instrumento y su interprete nos arrolló, haciendo muestra de un juego exquisito del pedal de sustain, con el que generaba disonancias cuando eran requeridas para tensionarnos.

Como digo, una gran paleta estilística se fue desgranando con un leitmotiv jazzero bien enfocado hacia un público que movía su cabeza al ritmo en señal de aprobación. Las manos de Brown volaban por su mástil dejando que sus músicos ampliasen todavía más el espectro sonoro. Me voy a dormir con el eco de una noche espléndida.

20/11/2016

Último día del gran fin de semana y nos quedaba aún mucho por descubrir. Al llegar: Bang. Avisó Eduardo, igual algo tarde (a una canción de terminar su actuación) que el suyo era un “viaje desconcertante”. Y yo no hubiese encontrado palabras más acertadas para describir las canciones con las que nos bombardearon.

Furioso. Incomprensible a veces. Agobiante. De rítmicas difíciles de encontrar y armonías difíciles de entender. Sensaciones encontradas entre dinámicas, algo ausentes, que cuando aparecían te soltaban en gigantescos y oscuros precipicios.

Paisajes étnicos y experimentales en su imaginario sonoro. La unión a tierra, cuando aparecía, era guiada por las notas que lanzaba la guitarra de J, porque él era el único encargado de las tesituras graves, arrojando más rabia y aturdimiento (si cabe) cuando dejaba que su muñeca derecha tomase el control.

Pons, en sus juegos melódicos marca de la casa, se movía ágil entre las pesadas líneas de Dani, quien hacía doblete tras la noche anterior, y David quien con su sorprendente set de percusión estuvo tan preciso como nos tiene acostumbrados a quienes conocemos la versatilidad de este gran músico. Herbalejo, viejo conocido de ciclos de jazz de la ciudad donde resulta imprescindible para entender la cultura nocturna zaragozana, a mi gusto, le faltó volumen para poder llegar a entender sus motivos desde donde yo me encontraba. Pero ya saben, eso es algo personal.

La voz de Maikel, uno de los grandes responsables de este festival, calló a la audiencia tras el intermedio y salió el músico británico acompañado de su banda a enseñarnos lo que era el swing de raza y yo tomé apuntes como el buen alumno que quiero ser.

Unas notas del contrabajo de Iván Kovasevic abrían otro espectro sonoro que no podía quedarse fuera de un festival tan ecléctico. Ray, con su saxo colgado llevó las riendas de la actuación bien con su instrumento solista o con una voz traída de ultramar que nos dejó a todos boquiabiertos.

Con una actitud de frontman de los años 50, demostró que estaba en plena forma con una actitud escénica impoluta. Un crooner que caminaba de lado a lado del escenario repartiendo experiencia bien destilada.

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El piano soleaba y él aplaudía antes de anunciar quién estaba encargado de las teclas. Gunter Kurmayr, de espaldas al público, derrochaba buen gusto en cada una de sus notas.

A la batería estaba Martí Serra quien acompañaba en el estilismo a Kovasevic creando ambos las bases extraídas del mejor rock’n’roll añejo. Brillante.

Una voz calida y meticulosamente afinada que te atravesaba en cada nota fue la pieza clave que hizo que a Gelato no le costase nada arrancar las palmas del respetable cuándo él así lo quería.

La noche avanzaba y se atrevía a hablar en un spanglish intencionado para conseguir ser entendido en su discurso entre tema y tema. Canciones dedicadas a  las nuevas tecnologías con su “Get off the phone” demostraba que aún queda creatividad para rato en uno de los estilos más divertidos de la música norteamericana.

La gente aplaudía ya a rabiar aunque no se lo pidieran. Disfrutaban. Se dejaban llevar y yo disfrutaba de lo bien que salen las cosas cuando se hacen con la profesionalidad de una organización depurada.

Duke Ellington también se asomó al escenario en uno de los temas más aplaudidos y… Yo que puedo decir de una interpretación impecable de grandes clásicos como ese a la luz de las velas y mientras tras disfrutaba del último vino del fin de semana. Hillbily, Blues, rockabily, jazz envueltos en ritmos predominantemente vertiginosos. No imagino una forma mejor de terminar.

Un doble bis y absolutamente la totalidad de los asistentes en pie despedían al músico y a su banda tras un concierto en el que un servidor no pudo dejar de bailar. Gracias, Ray, la semana que viene seguiremos informando.

Recuerda las próximas citas:
Madeleine Peyroux , Robert Glasper Experiment + Antonio Salanova Trío, Aurora & The Betrayers, James Rhodes…