Por Alejandro Castro

Fotos: Inma Salas

Ha llovido mucho, demasiado, desde el concierto que Dos Pasos realizó en la sala CAI Luzán el pasado 22 de mayo. Me gustaría haber podido cumplir con mi compromiso escrito, y transmitiros lo que pasó durante esta gran actuación mucho antes, pero mis obligaciones vitales me lo han ido impidiendo sucesivamente hasta estos días de calma. En cualquier caso, los recuerdos y los sonidos de este directo, tan especial para mí, se mantienen frescos en mi cabeza, en mis oídos y en las yemas de mis dedos, mientras los rememoro con alegría tecleando frente a la pantalla de mi ordenador. Espero que me acompañéis con vuestra lectura a lo largo de este cálido paseo musical, lleno de clase y matices.

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A eso de las 20:30h tomé asiento en el amplio patio de butacas de la sala CAI Luzán (excelentemente preparada a nivel sonoro y visual para un concierto de estas características) y, tras unos minutos de espera y conversaciones, centré mis sentidos en un escenario envuelto en el silencio y la tranquilidad, ataviado para la ocasión con el elegante backline de la formación zaragozana. El combo comenzó a pisar las tablas, capitaneado entre bambalinas por el maestro (en el amplio sentido de la palabra) Jesús Trasobares, amigo, mentor y creador de carácter virtuosamente personal en el desarrollo del noble oficio del tañir de las seis cuerdas y de la creación de canciones. Más amigos, profesores, compañeros y genios musicales en escena: aparece Santiago Aguado (batería y camarada de proyecto), seguido de Luis Muro (bajo, que toma asiento sobre su banqueta, como es tradición) y Óscar Carreras (pianos, órganos y teclados varios), que comienza a tejer una intro pianística, mientras Jesús Trasobares se acerca al centro del espacio, entre aplausos, y ajusta los controles de su guitarra, para comenzar a dar forma a los primeros acordes de “Con el mismo ruido”. Su voz, cálida, suave, templada, rota en su justa medida y con grandes dosis de feeling y personalidad cimentó con solvencia el swing rítmico de un tema donde la dinámica, los arreglos perfectamente sincronizados al servicio de la canción, la belleza armónica y el cuidado máximo en los textos, juegan un papel clave, y nos transportan al universo personal de Dos Pasos: un ecosistema lleno de matices e influencias transcontinentales (desde Argentina hasta Cuba, pasando por San Francisco, Lisboa o Tarifa). La pieza, toda una declaración de intenciones y un efectivo estandarte con el que abrir camino para lo que nos disponemos a explorar durante la tarde: Dos Pasos presentan disco, titulado precisamente Con el mismo ruido y, tras las cortesías iniciales, familiares, cercanas, amables y repletas de fino sentido del humor (Jesús, tal cual), van desgranando los frutos de este gran trabajo, mientras intercalan alguna canción de su referencia anterior, La puerta de atrás, e incluso de cosechas pretéritas.

“Algo mágico” mezcla jazz, bossa, y pop con refinamiento, mientras Rut Etayo se incorpora al combo para aportar su calidad y color en los coros femeninos. Miradas cómplices en la banda, bien engrasada a nivel artístico y sensible, y juegos de intensidad que desembocan en un armónico final a dúo vocal; después, “Nómadas” nos lleva por los luminosos caminos del folk americano con Joni Mitchell y James Taylor en el corazón, y nos regala unas bellas frases blues en los solos, marca de la casa, mientras “Máscaras” nos habla de amistades gastadas por el paso del tiempo, entre guitarras brillantes y pianos a lo Randy Newman, y “Salto Mortal” nos sugiere peripecias vitales que encajar con estilo, transportándonos hacia un gran solo de guitarra, arropado brillantemente  por hammonds silbantes y grooves  elegantes, que comienzan a elevar los quilates sonoros de la actuación.

Llega entonces el turno de una presentación clásica e imprescindible en los conciertos del conjunto, y Jesús comienza a dar forma con sus dedos a la maravillosa “Intro austrohúngara” (bautizada así por él mismo) de “Mientras quede tabaco”, tema dedicado a Luis Muro (que sonríe tras su bajo) que nos muestra imágenes, musicales y líricas, de la incomparable complicidad entre viejos amigos, tras décadas de momentos, proyectos y experiencias a dos bandas. Sonidos humeantes, como la atmósfera de un pequeño cabaret musical de Nueva Orleáns (o de Berlín), pieza maestra, voz rota, entre el Mississippi y el Río de la Plata, coros de negra textura, swing en el ritmo, órganos ardientes y, una vez más, guitarras magistrales (como no podía ser de otra manera). Continúan los momentos más abrumadores (para bien) del show con la presencia escénica de Dolo Miravete al cello  “pequeña pero con gran contenido” (como la presenta Trasobares, entre bromas), que complementa y viste a la perfección el lamento con aires arrabaleros de “Como uno más”, al tiempo que Óscar Carreras nos regala sus impecables notas de piano y Santi Aguado, animal rítmico donde los haya, disfruta y mueve los hombros al compás de su ritmo percusivo.

Prosigue la emotividad del concierto con “Cada vez que cruzas el umbral”, tema que el autor regala a Esther Lafuente, su compañera de vida (excepcional batería y profesora de percusión, además). Durante la canción, que gira como los amantes de su texto, el cello de Dolo adquiere un papel protagonista, y nos lleva hasta un estribillo oscilante que me recuerda, por influencias casi innatas, al “Mind games” de Lennon, y que termina en un solitario fraseo eléctrico que nos transporta a la siguiente estación, “Antes de decir adiós”, mestizaje perfecto entre Taylor (de nuevo) y Brasil (por ejemplo). El tapiz que va tejiendo la banda comienza a incorporar una variedad de colores, telas y motivos culturales de una diversidad y riqueza que pocos artesanos son capaces de abarcar, y nos ofrece un cómodo piso sobre el que seguir caminando con nuestros sentidos, mientras llegamos al último tercio de nuestro trayecto musical.

Más sorpresas sonoras, más raíces diferentes, y más amplitud en el espectro de la banda con la atmosférica “Detrás de tu nombre”, que se mueve entre Gilmour, Harrison y la canción de autor con solvencia y elegancia, mientras nos transmite un bello y pausado mensaje pacifista. Después, “Ella” -o como hacer bailar bossa nova a la mismísima muerte- y, tras otra maravillosa sección de fingerpicking en soledad, “Acab y tu espalda”. Como buen “beatlemaníaco”,  las texturas del tema (uno de mis favoritos) me conducen a los pasajes más sofisticados de los Fab Four, y completan una tonada redonda de germen insomne,  envuelta en notas de bajo al más puro estilo Macca, en ocasiones.

Nos acercamos, paso a paso, hacia el final de la actuación, y caminamos ahora hacia los USA para llegar hasta los sonidos country/rock de “Un fragmento de vida”, que ponen en pie a algunos miembros del público, mientras bramamos como Jagger y Richards en  el “Simpathy for the devil” y disfrutamos de la electricidad yankee de la guitarra de Jesús. Últimos capítulos para acabar de completar una tarde perfecta: “Las tres vidas de M”, dedicada al hijo de Jesús y Esther, Miguel, nos invita a un paseo cósmico entre Ipanema y Drexler, con Óscar “Wonder” accionando frases de armónica sobre sus teclados, mientras acompaña a la  formación al completo, cello incluido.

Llega el momento del encore, y tengo la sorpresa y el placer de recibir la dedicatoria de “A mil kilómetros de mí”, uno de los descartes del Con el mismo ruido, y otro de los temas que más me gustan de la banda. Dinámica creciente, melodía enérgica y efectiva, sonidos sofisticados, y aires 80s, que me transportan a Sting, o a “Ferrobós” y “El Frente”, por qué no decirlo. Tras el himno, Dos Pasos cierra repitiendo “Algo mágico”, entre merecidos aplausos y felicitaciones, dejándonos un maravilloso sabor de boca en los oídos, mientras nos preparamos para saludos, enhorabuenas, abrazos, y combinados posteriores que terminaron por completar una noche estupenda, que esperemos se repita pronto, en lo musical y en lo humano.

La presencia de Jesús Trasobares y de sus compañeros de banda en nuestra ciudad es todo un lujo por muchísimos motivos, obviamente en lo estrictamente musical, pero también más allá de este punto. Jesús, Luis y Óscar forman parte fundamental del equipo docente de La Escuela Municipal de Música Moderna de Zaragoza, ejerciendo una labor imprescindible para que el gusto y el amor por la corriente artística que nos ocupa, nos preocupa y nos contiene, mantenga el brillo y el esplendor que merece. Además, Santiago Aguado, Rut Etayo y Dolo Miravete también cultivan a la perfección el arte de manejar magistralmente sus instrumentos y, además, comparten el afán por transmitir sus conocimientos a nuevas generaciones para que La Música Moderna siga tan viva como siempre, a pesar de las dificultades que encuentra en el mundo de hoy, a veces tan falto de belleza, pero tan lleno de ella, al mismo tiempo. Perpetuar el gusto estético en sus miles de formas y con sus innumerables raíces es uno de los licores que destila Dos Pasos con sus canciones, con su música y con sus textos, tanto en su excelente último trabajo “Con el mismo ruido”, como en cada uno de sus magníficos directos, de los que esperamos adquirir nuevas dosis muy pronto, para saborearlas “on the rocks”, bajo la luz de la luna, o la de algún cálido foco humeante… suerte con lo que venga, amigos y compañeros, y sigan caminando con la misma energía por los tortuosos pero reconfortantes caminos de la música y  de la vida… ya saben:

Nos vemos en el próximo show.

Nos lo beberemos todo.

No nos defraudarán