Como decía Hoffmann, la música instrumental es la más romántica de todas las artes ya que su única materia es el infinito. Capriccio Stravagante actuó la noche del pasado jueves en la Iglesia del Carmen de Jaca, en el quinto de los conciertos del XXVI Festival Internacional en el Camino de Santiago que organiza la Diputación de Huesca, un directo que una vez más dio muestra de la gran acústica que guarda esta preciada iglesia, a mayor gloria también de la música.

Las leyes acústicas de los instrumentos de viento propuestas por Pitágoras planearon por Jaca. Porque la flauta dulce —ese instrumento aerófono, de bisel y monocálamo—, hizo las delicias del público asistente a la Iglesia del Carmen. Profesor de flauta dulce en el Conservatorio de Levallois-Perret, Julien Martin comenzó sus estudios en el Conservatorio de Angers. Ya conocíamos su participación con Capriccio Stravagante por sus grabaciones discográficas para el sello Paradizo, editorial del grupo —con una novedad para septiembre: Virginals & Consorts de William Byrd—. Martin exhibió con sensualidad y sentimiento el sonido y su narrativa, con ese valor mágico y amoroso, cotidiano y de imitación de la naturaleza que misteriosamente posee la flauta.

Director y fundador de Capriccio Stravagante, Skip Sempé es una de las personalidades más prestigiosas en el mundo de la música renacentista y barroca, reconocido por su magnífico sentido del tacto idiomático del clave, más su atenta y fina afinación en la conquista de la variación sonora. Así quedó patente en el concierto de Jaca: pasajes redondos, intensos pero a la vez serenos, con carácter amable y firme. “No tengo la formación ‘clásica’ porque nunca he sido pianista u organista: sólo soy clavecinista —apunta simpático Sempé—. Siempre es un placer tocar para un público como éste, para el que no acostumbras actuar”. Y placer, para nosotros, oírles en acción.

El repertorio contó con una primera parte, brillante y variada, ejemplo de la rica tradición de temas rescatados por Capriccio Stravagante, un gran muestrario sonoro para el recogimiento. Desfiló la música de Renacimiento, en la que destacaron temas de Diego Ortiz como Recercada quarta, Giulio Caccini y su Odi Euterpe, más Cipriano de Rore con su Ben qui si mostra’l ciel. Pasada la mitad, la viola de gamba de Josh Cheatham fue todavía más protagonista y sabia. La noche tuvo su momento especial con la sonata barroca BWV 1035 de Johann Sebastian Bach, influenciada por la música italiana y francesa de principios del siglo XVIII. Junto a ella, Marin Marais (1656-1728) —con el que hace justo un año en el mismo espacio Jordi Savall también nos deleitó—, y su Suite de Pièces de violes (Livre V), ejemplo de la escritura para la viola da gamba y flauta, procedente de su último libro de pièces publicado en 1725, a tres años antes de su fallecimiento. Otro concierto, memorable y precioso, en el Camino de Santiago.

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