Las generaciones le conocen por su instrumento bandera, la viola de gamba de 7 cuerdas de Barak Norman (Londres 1697). Jordi Savall había actuado en Jaca en cuatro ediciones anteriores: 1997, 2004, 2006 y 2009. En todo este tiempo ha ido redescubriendo muchísimas composiciones de los siglos XV en adelante, que nos enseñan cómo fue la historia a través de su propio arte. Venía de tocar Folias Antiguas & Criollas cerca de Boston, el Festival de Tanglewood y en el Festival Rockport, junto a otra tanda de conciertos en Francia, en Besançon y en la Abbaye de Fontfroide.

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“Ahora sí ya están unidos el nuevo y el viejo mundo, y solo están divididos por un viejo mar profundo”. Enrique Barona escribía estos versos basados en la tradicional del Jarabe Loco jarocho, pasaje que cerraba ayer el magnífico concierto con el que nos deleitaron Jordi y Ferrán Savall, junto a las percusiones de Pedro Esteban. Organizado por la Diputación de Huesca, la iglesia del Carmen de Jaca acogió Diálogos e Improvisaciones. De Oriente a Occidente y del Antiguo al Nuevo Mundo, segundo de los conciertos celebrados dentro de las bodas de plata del Festival Internacional en el Camino de Santiago.

Y es que la reflexión sonora y moral de Jordi Savall es lo que marcó la calidad de toda su gran y brillante propuesta. Un acercamiento sentido a la realidad del mundo, gozoso en incorporar los matices de cada versión en función de sus culturas y credos, pero sobre todo, con la brújula para una música envolvente, fina y aventurera. “En un espacio que forma parte del Camino de Santiago es lógico que recuperemos la música barroca pero también las anteriores, que a mi juicio no digo nunca antiguas, pues la música es siempre un fenómeno vivo, no como sus partituras. La música existe solamente cuando la cantamos o la tocamos”, recordaba Jordi Savall también en Jaca.

Ferran Savall —voz y tiorba—, Pedro Estevan —percusiones— y Jordi Savall —lira de gamba (viola de gamba soprano), Italia circa 1500 viola de gamba baja de 7 cuerdas—, fue la primera cita con el maestro del fin de semana en Jaca. Un concierto que desde el comienzo, con sus bellos y cuidados temas tradicionales sefardíes, envolvieron a los allí presentes. La aventura melódica de Savall y su paseo por el amor y la muerte cuenta con multitud de rescates, no sólo de partituras y ritmos, sino también de melodías que se tornan en mensajes, casi mantras, postulados que, ante todo, son llamadas sinceras y urgentes al sentir y al latir del mundo. Qué grandes bandas sonoras interpretaron, a qué espacios nos transportaron e hicieron soñar, de convivencia de sonidos, de posibles y utopías.

Las diferentes variaciones de este Diálogos e Improvisaciones son por supuesto tradición —en especial las vivas del Mediterráneo—, donde claramente asistimos al virtuosismo y maestría de Savall, pero que además desde sus improvisaciones nos encontramos con la innovación, la lucidez y el spark del maestro. “La improvisación es la fuente más importante. De las músicas medievales nos queda sólo una melodía, cuya fuerza es su repetición muchas veces. Cada vez que esta se repite tiene que pasar algo diferente, tiene que haber un instrumento que matice. Esto es lo que da a esta música su fuerza, su emoción, algo que los músicos orientales saben hacer de toda la vida: crear este mundo absolutamente nuevo en el momento del concierto”, destaca Jordi Savall, “algo que hemos perdido en el mundo clásico”.

“El Mediterráneo está lleno de músicas que tenían orígenes comunes, sistemas musicales muy parecidos. Por eso, cuando hacemos música medieval estamos en un campo de interpretación que funciona muy semejante a como lo hacen las músicas de otras culturas orientales”, comenta. Lenguajes próximos como los coincidentes también con otros artistas hace unas semanas: “Estuve en Grecia, cerca de Thessaloniki, en otro campo, Vasilika, y fue impresionante poder ver cómo está esta gente y aportarles un poco de ilusión y de alegría”. Estaba claro. Fue para unir el nuevo y el viejo mundo. Y así lo hizo.