Organizado por la Diputación de Huesca, la iglesia del Carmen de Jaca acogió las Variaciones Goldberg de Bach, cuarto de los conciertos celebrados dentro de las bodas de plata del Festival Internacional en el Camino de Santiago, de la mano de los ingleses Fretwork

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Las variaciones siempre han ido ligadas a técnica, precisión e innovación, con las correspondientes dosis de creatividad y juego crítico de combinaciones. Organizado por la Diputación de Huesca, la iglesia del Carmen de Jaca acogió las Variaciones Goldberg de Bach, cuarto de los conciertos celebrados dentro de las bodas de plata del Festival Internacional en el Camino de Santiago, de la mano de los ingleses Fretwork que con lucidez y coherencia —y su mochila de treinta años a sus espaldas— aportaron una exquisita particular interpretación del conocido clásico en teclado, esta vez llevado al fascinante mundo de las violas. Un grupo único y pionero para iluminar de nuevo el Aria mit verschiedenen Veränderungen BWV 988.

Los biógrafos cuentan que la pieza que sonó en la Iglesia de Carmen de Jaca fue compuesta para el conde Keyserlingk de Dresden, en la búsqueda de una música que incorporara algo de alegría y relax a sus noches de insomnio, y que por supuesto fueran asequibles a la interpretación de su clavecinista Johann Gottlieb Goldberg. Sea o no esto cierto, lo que cuenta la historia es que el conde sí que pagó muy bien a Bach por dicho encargo. Desde entonces y como si se tratara de un best seller, cada generación ha sido sensible a tal maestría. Recordemos incluso el documental Glenn Gould: Hereafter realizado por el melómano Bruno Monsaingeon. Ahora, en pleno siglo XXI, el ensemble que actuó en Jaca lo hizo con sugerencia y pasión, delicadeza y detenimiento, invitación, originalidad y buen gusto.

En las variaciones barrocas, sus diversas armonías son la base para toda la obra, treinta sobre un aria, en grupos de tres y donde cada tercera es un canon. Las Variaciones Goldberg son un gran trabajo. “Cada una de ellas es maravillosa en su propia manera”, destacan los músicos de Fretwork. “Tal vez la variación más sorprendente sea la número 25, en el modo menor, melodía poderosamente emocional que invita hablar de la desesperación y la pérdida”. Los virtuosos y solventes Asako Morikawa, Richard Boothby, Reiko Ichise, Emily Ashton y Sam Stadlen hicieron las delicias de los que aceptaron la propuesta, otro rescate de la música barroca, otro bello tanto para el festival.

Tras una corta gira por España con dos conciertos —Jaca y Peñíscola—, sus músicos imparten cursos en Dartington, Inglaterra, para continuar tocando en Polonia y Austria. En octubre harán las Américas, del Norte y del Sur, en una gran gira de tres semanas. Los miembros de Fretwork son optimistas con el momento que atraviesa la música barroca: “Parece estar en una forma muy saludable, con muchos proyectos tanto interesantes como innovadores. Tocamos la música contemporánea como si fuese barroca. Además, creemos que el público responde muy bien a la nueva música escrita para ser tocada con instrumentos antiguos”. Por las bodas de plata desean “mucho éxito el Festival y un futuro largo y fructífero, con el paso de todavía muchos más artistas, de todo el mundo, por Jaca, capital internacional de las músicas”.