El nuevo Proyecto de Cooperación 2017 del Festival L’Boulevard de Casablanca y el Festival Internacional en el Camino de Santiago de Diputación de Huesca, no dejó indiferente al exigente público del certamen.

Texto: Carlos Gurpegui
Fotos: Marina Badía

Pasajes y caminos, recorridos internos y externos, la travesía creativa De Viento y Arena no ha hecho sino empezar, una caravana de emociones, latido de sonidos perfectamente ensamblados a la fiesta, esa que reúne oídos atentos, ávidos de sorpresa y reconocimiento del talento. Cruce de culturas, De Viento y Arena se presentó la noche del pasado sábado en un nuevo espacio para el festival, la Plaza Polvorines de Ciudadela de Jaca. El nuevo Proyecto de Cooperación 2017 del Festival L’Boulevard de Casablanca y el Festival Internacional en el Camino de Santiago de Diputación de Huesca, no dejó indiferente al exigente público del certamen.

Tras un sentido minuto de silencio por los terribles atentados en Cataluña, recordaron al escritor catalán Albert Espinosa, “que nuestro dolor se transforme en donación. Somos un puente en el Camino de Santiago, somos De Viento y Arena”. Tras diez días de bricolaje sonoro y convivencia, Mourad Belouadi (voz, gembri, kalimba y flautas), Amine Kanzi-Belghiti (percusión y coros), Soufiane Gaga (batería), Guillermo Mata (bajo y teclados), Jaime Lapeña (violín, viola, mandolina, saxo) y Jorge ‘Bigboy’ Torrecilla (voz, guitarras, teclados y efectos) presentaron en sociedad la belleza y originalidad de su propuesta, de gran luz y volumen, ese que con su música deja ver las aristas y el devenir del ser humano.

Matiopia, el tercero de los relatos de la noche surgido en los ensayos, resume a la perfección el identitario De Viento y Arena, cruce de melodías y narrativas. “Cuando te reconoces en tus antepasados y también ves algo de ti en tu descendencia, algo que pervive en el tiempo, que entre otros significados también se conoce como genética”, presentaba Jorge ‘Bigboy’. Y es que el ADN del nuevo proyecto de cooperación es un compendio de virtudes, resultado de una generación de músicos virtuosos y versátiles al servicio de los instrumentos y no al revés, grandes dosis de filosofía en el concepto y desarrollo de los temas, coherencia en su directo y una gran fe, humildad y convicción en presentarlas ante el espectador con la intención de ofrecer una experiencia única y global.

Canciones como Weld el mersa (Hombre de la tormenta), compuesto por Mourad Belouadi, sobre “alguien que se está bañando en aguas turbulentas, pero hay más tormenta dentro de sí” es otro de los anillos de oro de esta prometedora formación. Una banda diferente y personal, magníficamente elegida. A los ojos europeos, como si The Doors y Jethro Tull se fusionaran con el continente africano. Como si la dualidad de la voz de Jorge ‘Bigboy’ jugara a ser blues de color, Txetxo Bengoetxea o el mismo Jim Morrison.

Temas sin desperdicio, como Kanamania (El viajero), Ter lille (El pájaro nocturno), A friend of mine (Mi amigo), Chemin du desert  (Camino del desierto), Papa was a Rolling Stone, Mahatma’s Word (Palabra de Mahatma), Cumbiambara, para escuchar con gusto y bailar hasta que se ponga el Sol. Canciones tras la barbarie que nos reflejan a nosotros mismos en el charco de la música. Una odisea, un viaje al “corazón de las tinieblas” —ese de Kurtz y Marlow frente al horror— para una formación que puede ser icónica en nuestros extraños tiempos. Si no, ya verán, créanme. Anoten: De Viento y Arena.

EN EL CAMINO, EN INTERNET

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