Ofrecerá un concierto en acústico el viernes 2 de junio en el Teatro Arbolé (21.30 horas) con sus guitarras y sus maravillosas e inmortales canciones. Precio entrada: 15€ – 12€ anticipada y bonificada.

El compositor, cantante y guitarrista norteamericano Paul Collins, todo un clásico del rock y rey del power pop, ofrecerá este viernes 2 de junio (21.30 horas) un concierto en el Teatro Arbolé dentro de una gira en la que el líder de The Beat pasea por Europa el repertorio de cuatro décadas de inmortales canciones y brillantes melodías.

Es una gran ocasión para ver y escuchar a este clásico del rock (The Beat, The Nerves…) solo con sus guitarra. El líder de The Beat pasea por Europa el repertorio de cuatro décadas de célebres canciones y brillantes melodías, temas que se suenan aún más hermosos con los matices y la sensibilidad que ha introducido Collins en su música con el paso del tiempo.

Considerado como el rey del power pop, él asegura que es un obrero del rock, porque el “rock es más que música, es una forma de vida. Representa a las buenas canciones, a un buen ambiente y a buenas sensaciones”, asegura.

Por Chema Fernández

Paul Collins, nativo de Nueva York, emigra a San Francisco a mediados de los 70, donde forma The Nerves tocando la batería, junto a Peter Case al bajo y Jack Lee a la guitarra. Los tres componen, cantan en armonía y lucen traje (barato) de tres piezas, a pesar de lo cual se les mete en el saco del primer punk de los USA, seguramente por su energía, unas canciones que no superan los dos minutos y una actitud que les lleva a editar en el 76 un único EP con cuatro cortes por sus propios medios.

El disco contiene, a pesar de su precaria producción, tres clásicos del power pop: “Working too hard” de Paul, “When you find out” de Peter y “Hanging on the telephone” de Jack Lee, llevada al éxito por Blondie y que cuenta con innumerables y variopintas versiones. Aunque llegan a girar con Los Ramones, Jack es el primero en salir para editar un disco que también generó muchas versiones, la más famosa el “Come back and stay” de Paul Young, para desaparecer del panorama enseguida.

Paul y Peter montan The Breakaways, aunque el segundo se va para formar Plimsouls, otro de los grandes de la época con clásicos como “Now” o “A million miles away”, así que Paul coge a los músicos que les acompañaban, el bajista Steve Huff, Larry White a la guitarra y el ex Milk’n’Cookies (banda Glam-Pop de cierto éxito) Michael Ruiz a la batería y los bautiza como The Beat, fichan por una multinacional y editan una primera grabación que ha pasado a los anales como un disco perfecto en su sencillez y perfecta dinámica conseguida apenas con subir y bajar el volumen de su Fender Stratocaster.

Retomando temas de anteriores aventuras y añadiendo otros nuevos, entre los que brilla en durísima competición con el resto (“Don’t wait up”, “Different kind of girl” o “Walking out on love”, recientemente versionada por Green Day) “Rock’n’roll girl”, un dechado de concisión y melodía rabiosa, una lección de, sí, rock’n’roll melódico en su máxima expresión, que también ha gozado de infinidad de versiones (The Muffs o nuestras Electrobikinis, por ejemplo). Instalado en unos Estados Unidos invadidos por la música disco y el Rock de estadio, el disco consigue el aplauso de los medios y los aficionados más interesados en las novedades y una buena exposición en Radio y TV, que no es suficiente para conseguir el éxito popular.

Quizás por eso el segundo disco, ya con su propio nombre delante para no ser confundidos con los skatalíticos británicos de similar denominación, suena algo más a rock tradicional, aunque sin apenas perder frescura e igualmente está repleto de himnos reminiscentes de The Who (el tema que lo titula) o Buddy Holly (“That’s what life is all about”). Curiosamente fue “On the highway” uno de los temas más “Rock FM USA” el que les estaba haciendo populares en la primeriza MTV gracias a su videoclip cuando la discográfica les rescinde el contrato.

Apoyado en su fiel Steve Huff y con nuevos músicos, edita en una independiente “Too beat or not to beat”, otra delicia con 6 canciones donde destacan “All over the World” y “Always got you on my mind”, dos pelotazos que sonaron mucho en los mejores programas de radio y bares de la España de los 80, que comienza a recibir sus visitas con regularidad, sobre todo después de su concierto en “La edad de oro” de TVE. Tanto vino que, tras un oscuro EP con una compañía francesa, “Long time gone”, en el que destaca la preciosa “Broken hearted”, comienza a editar sus discos a través de compañías españolas: primero el directo “Live at Universal” y luego “One night” y otro homónimo, ambos con sonido algo menos enérgico que antaño pero con buenas canciones (“I Could have told you so”, “Just give me love”) y colaboraciones de Cyril Jordan (Flamin’ Groovies), Chuck Prophet (Green on Red) o Chris Von Sneidern, otro contendiente al trono del Power Pop.

Su siguiente, “From town to town”, es una obra infravalorada que sin embargo marca uno de los hitos en su carrera. Perfectamente producido por Rick Wagner y a pesar de las colaboraciones de luminarias del power pop como Will Rigby, batería de los DB’s, y Arthur Lenin, guitarra de los poco conocidos pero muy estimables Flashcubes, cambia el power pop por un acercamiento a la música de raíces americanas con aire de folk-rock y country en grandes cortes como “It’s gonna be a long time” o “Kindness of strangers” aunque se cierra con un espectacular “Say a prayer” donde brilla “Arty” Lenin casi recordando a Tom Verlaine.

De vuelta a España, donde residió ocho años, se le encuentra en par de curiosos discos: Un directo en acústico prácticamente improvisado, “Live in Spain”, y otro disco homónimo poco destacable, al parecer, editado sin su permiso. Se mantiene tocando en directo con músicos nacionales o en solitario, pero no graba y se vuelve a los USA.

Tras doce años sin editar un disco “serio” es de nuevo aquí donde se le rescata, grabando en Madrid junto a Octavio Vinck (Heartbeats, Protones, Amaral) “Flying High” un disco de recuperación donde alterna piezas enérgicas como “Afton place” con puro pop como “More than yesterday”, pero que apunta muy buenas maneras. Un peldaño más arriba está “Ribbon of gold”, grabado en Suecia por Chips Kiesby, productor de Hellacopters o Nomads con su banda formada por Octavio, Juancho López (The Crepitos, Bummer, Thunderbolts, Peralta, Kurt Baker) y Pablo Cabanes (Protones). En él recupera al 100% el power pop que le dio fama con canciones estupendas como “Hey DJ” o “Still want you”. No deja de tocar con ellos en Europa y en los USA, donde acaba contando con diferentes músicos para sus giras, pero ya sin abandonar nunca los escenarios, incluso volviendo a girar junto a Peter Case. Ya sin parar, graba sus dos últimos discos junto a Jim Diamond, de Dirtbombs y productor de White Stripes, en Detroit: son un triunfo absoluto. “King of Power Pop!” le corona como rey del género, si bien el título procede de una canción en la que él homenajea a los grandes del género, compone nuevos clásicos (¿o no suena a eso “The hurting’s on my side”?) y recupera viejas melodías propias como “Many roads to follow” y ajenas como el “You tore me down” de los Groovies.

“Feel the noise” (2014) es aún mejor: se abre con dos hits directos como la que titula, en la que sube las guitarras como nunca, y “Only girl”, de lo mejor que se le ha escuchado, además de contener más aciertos plenos como la potente “I need my rock’n’roll” y los aires sixties de “A girl like you” o “Walk away”. Ahora gira de nuevo por Europa en un momento en el que las reediciones de sus grabaciones con Nerves y Breakaways parece que han encontrado nuevos y jóvenes públicos que lo reivindican como precursor del punk y la new wave en los USA. Es el momento idóneo para volver a verlo.

Chema Fernández