La formación Vozes del Ayre actuó este pasado martes 8 de agosto en la Iglesia del Carmen de Jaca, con un repaso a sus madrigales bajo el título Tiempo del alma, con López Banzo en el clave y la dirección.

Claudio Monteverdi es el gran padre de la música moderna, del que este año se celebra el 450 aniversario de su nacimiento en Cremona, Italia. En pleno siglo XXI, compositores e intérpretes siguen bebiendo de sus fuentes. La formación Vozes del Ayre actuó ayer noche en la Iglesia del Carmen de Jaca, con un repaso a sus madrigales bajo el título Tiempo del alma, con López Banzo en el clave y la dirección, segundo de los conciertos del XXVI Festival Internacional en el Camino de Santiago que organiza la Diputación de Huesca.

Jaca tenía muchas ganas de iniciar sus directos. Una larga cola y una iglesia a rebosar fue su sincera bienvenida. Los diferentes formatos de Al Ayre Español siempre han cautivado a sus exigentes espectadores. Esta vez era el turno de las voces. El cuidado repertorio y el perfecto tono que López Banzo imprimió a la cita —bien arropada bajo el epígrafe Tiempo del alma—, deleitó con sugerentes pasajes como Era l’anima mia o Misero Alceo, hasta llegar al Lamento della ninfa, de interpretación magnífica, con cinco voces frescas perfectamente empastadas, al cual le siguieron varios bises, agradecido presente a un público bien entusiasta.

“A modo de pequeñas escenas de ópera pero en el formato vocal a cinco voces con el solo acompañamiento de un clavicémbalo, como Monteverdi sugiere, su complejidad armónica y la belleza de las poesías los convierte en música vocal de cámara de primer nivel”, destaca López Banzo. “Son experimentos a través de los cuales el compositor fue preparándose para su Orfeo (1607), un laboratorio de ideas del que saldrían los fundamentos de toda la música moderna”.

Vozes del Ayre que inundaron El Carmen con mágica arquitectura sonora. En su tiempo, la ópera fue considerada por muchos el sistema más perfecto para la dramatización barroca. Antes de Monteverdi ya existían algunos autores que descubrieron “la libertad en la música”, que es lo que hacían los griegos en su teatro, tragedias y comedias, cuando también se cantaba. Como buen enfant terrible, Monteverdi imprimió ruptura y novedad, y ayer en Jaca pudimos disfrutar de ello, un sereno y gran concierto “clásico y moderno”, gracias al talento de cinco voces al rescate de tesoros sonoros y ninfas del alma, bajo el teclado y batuta de López Banzo.

 

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